Al llegar a casa, Arturo cerró la puerta, cargó a Mia entre sus brazos, la subió a la alcoba.
—¿Qué haces, Arturo?
—Te amo, quiero amarte.
Ella sonrió, feliz.
Fueron a la habitación y al entrar la puso sobre la cama. Él comenzó a quitarse la ropa, era su habitación de siempre.
—Te amo, Arturo, te amo…
Él sonrió, era adorable escuchar que ella lo dijera, de esa forma en que parecía tan real.
—¿Me perdonas? —exclamó con ojos dulces.
Ella acunó su rostro, lo besó de nuevo.
—Te perdono, olvido todo