Días después.
En la mansión Santalla.
Jorge, Jerónimo y Diego estaban reunidos a puerta cerrada.
—Bien, aquí está el contrato, les entregó las acciones que les corresponden. Tengo ya mis propias acciones, si seguimos de socios, es porque nos conviene a ambos, aunque, sinceramente, no me gustaría seguir en esta sociedad —dijo Diego.
Jorge estuvo de acuerdo.
—Sabemos que nuestra familia ha hecho daño suficiente, esperemos que en un futuro podamos mejorar nuestra relación.
Diego le dio la mano a Jo