Después de escuchar esto, Esther estaba a punto de explotar de rabia.
"Tú... Eveline, ¿te atreves a maldecir a mi hija?".
"No la estoy maldiciendo; estoy diciendo la verdad". Un destello intenso apareció gradualmente en los ojos de Madeline. "Eres mayor que yo, así que es imposible que no entiendas estas cosas. Como madre, deberías enseñarle la actitud y la visión del mundo correctas para tu hija en lugar de mimarla ignorantemente y permitirle tomar un camino sin retorno".
"¡Cállate, Eveline!