—¡Xavier, relájate! ¡Es solo un pequeño corte, no una amputación!
La voz de barítono de Daniel rebosaba sarcasmo e irritación.
Por supuesto que estaba molesto. Xavier prácticamente me había arrastrado hasta la sala de urgencias del Hospital Santo Rosa María, gritándoles a todas las enfermeras que buscaran a Daniel.
Todo esto por algo tan insignificante.
Porque Xavier tenía miedo de que mi corte empeorara.
¡Dios mío!
—Si de verdad fuera tan grave, Mila no estaría sentada ahí delante de mí viéndo