—Maldita sea.
Mi plan de retirar los diez mil dólares en efectivo se vino abajo de la manera más espectacular posible.
De la nada, la cara descaradamente descarada de Xavier apareció en el banco como si fuera un fantasma.
Mis instintos me decían que había venido a cobrar la penalización de cien mil dólares.
—Sube al coche, Mila —insistió Xavier.
Protestar no iba a hacer que Xavier cambiara de opinión.
A regañadientes, entré en el vehículo, y Xavier cerró la puerta inmediatamente detrás de mí.
L