Mi cuerpo se sentía débil cuando entré al apartamento de Nina.
Nina estaba sentada con las piernas cruzadas en el sofá, hojeando unos folletos. Sobre la mesa vi varias bolsas promocionales con el logotipo del banco.
—Parece que leíste mis mensajes. Bien —dijo Nina, lanzándome una breve mirada antes de volver a su folleto—. No pensaba esperarte durante horas en el banco. Por suerte, me ofrecieron traerme a casa. Tu dinero está en la mochila.
No respondí.
Simplemente arrastré los pies por la habi