Miré fijamente la fila de sillas vacías en la sala de reuniones. No podía concentrarme en absoluto.
Xavier se suponía que debía estar allí, dándonos retroalimentación y destrozando nuestro proyecto con sus críticas. Pero no estaba.
Ni siquiera me había dado una razón por su ausencia.
Miré de reojo el teléfono que descansaba sobre la mesa. La pantalla seguía apagada.
Habían pasado tres días desde que Xavier se marchó de repente después de recibir aquella llamada. Tres días desde el último mensaj