La vieja biblioteca tenía un aire casi mágico para mí. Las hileras de antiguas estanterías de madera, los techos altísimos, incluso el aroma del papel envejecido. Ah... el paraíso.
Aunque sentía que la cabeza estaba a punto de estallarme por culpa del análisis financiero en el que estaba trabajando.
Nina soltó un leve suspiro. El frío de aquel lugar era absolutamente insoportable.
—¿Podemos ir a algún sitio más cálido después de esto? —susurró Nina—. Me estoy congelando, Cami.
—Esperemos a que