Londres era una ciudad inmensa. Con millones de personas y cientos de edificios que se extendían desde Mayfair hasta Canary Wharf, las probabilidades de cruzarme con Xavier por casualidad deberían haber sido prácticamente nulas.
Durante tres semanas, intenté disfrutar de mi nueva vida. Me concentré en las clases y en nuestro proyecto. Pero cada noche, los pensamientos sobre Xavier volvían a colarse en mi mente.
Era como si fuera un fantasma, esperando atraparme en cuanto bajara la guardia.
—Uf,