Capítulo 42: Oportunidad de oro.
—¿Por qué me pides algo así? No me amas y ya tienes a alguien más… —susurró la Reina, acercando su rostro al del Rey, la distancia entre ellos casi inexistente.
Dentro de la tienda Real, el calor de la fogata se entrelazaba con el calor de sus cuerpos tan cercanos, las pesadas ropas de invierno rozándose, como si fueran un estorbo entre ellos. Sus miradas se encontraban, cargadas de una intensidad palpable, una seriedad que parecía capaz de derretir el hielo que los rodeaba.
—Eres mi Reina,