El salón real de la Reina, conocido como "Rosas Rojas", se alzaba majestuosamente con elegancia.
Paredes adornadas de un profundo tono carmesí que absorbía la luz del día, filtrándose a través de los amplios ventanales de cristal.
Una vista deslumbrante de un jardín que se extendía ante la Reina, con un laberinto decorativo.
Muebles elaborados en finas maderas pulidas, reflejaban la luz como joyas, pero en ese hermoso escenario, el ambiente tenso se hacía presente, incomodando a la nueva