—No, más bien gracias —emite forzando una sonrisa.
Al aparcar el auto en la cochera, entran al cálido hogar de Kyllian, las vista de la ciudad se aprecian desde el enorme ventanal al fondo del living.
—Si deseas una ducha, adelante. Puedo prestarte ropa —le ofrece señalando la planta alta.
—Gracias —sube las escaleras dirigiéndose al baño.
Cierra la puerta con pestillo y se despoja del vestido ajustado, quitándose los zapatos de tacón que estaban lastimando sus pies. Entra a la bañera sumergién