Después de comer, Julieta echó un vistazo al reloj y se dio cuenta de que ya era tarde. Las lesiones de Leandro no eran graves, y podía arreglárselas por su cuenta.
Así que se levantó del sofá y dijo:
—Señor Cisneros, ya es tarde. Me voy al hotel ahora y vendré a verte mañana.
Leandro había pensado que se quedaría a pasar la noche, pero para su sorpresa, ella se estaba yendo antes de las siete.
—¿Y esta noche? —preguntó Leandro.
—Te has lastimado y no puedes ducharte ahora. Pero ya has comido. S