—¡Tú!
Dalila miró siniestramente a Julieta. Apretó los puños y la maldijo:
—¡Julieta, fuiste tú! ¡Fuiste tú quien me engañó! ¡Me tendiste una trampa! ¡Lo hiciste a sabiendas!
—¿Yo? —Julieta se señaló a sí misma y respondió con rabia—: Dalila, ¿tienes el descaro de decir que yo te tendí una trampa? Fuiste tú la que provocó el desmoronamiento de mi familia y la ruptura de mi matrimonio. ¿Qué daño te he hecho yo? ¡Yo no hice nada de eso! ¿En qué forma podría perjudicarte?
Dalila lloró y de pronto s