Julieta perdió las fuerzas de repente, realmente no tenía nada, solo le quedaba la venganza.
Pero este niño había llegado por obra del destino. ¿Cómo podía matarlo con sus propias manos cuando él había estado con ella pasando tantos altibajos y, aún así, seguía viviendo? ¡No podía hacerlo!
—¡No te preocupes por mí!
Leandro la sujetó por la cintura y la llevó directamente al baño:
—¡Date un baño!
—¡Suéltame!
Leandro la soltó y salió rápidamente. Se paró en la puerta, miró en dirección al baño y