—¡No se los permitiré! ¡Devuélvanme el anillo!
—Ah, con que elegiste la opción número dos. Cuando estemos satisfechos contigo, te devolveremos tu anillo.
Inmediatamente Julieta se puso blanca, presa del terror que sintió, miró a los tres mientras se mordía los labios e intentó protegerse el pecho con las manos mientras gritaba:
—¡No se me acerquen!
Pero los borrachos siguieron acercándose. Uno de ellos le dijo:
—¡Grita todo lo que quieras, nadie te salvará!
—¡Dame el anillo!
—¡Tú eres la que eli