Capítulo XLIII. Mi esposo ya ha planeado todo
- ¡Leonard, Leonard! - los Doritos de Roger comenzaron a escucharse cada vez más cerca - ¡Leonard, sal de donde quiera que estés! ¡Imbécil de mierda! - Roger se encuentra furioso, entre más pasa el tiempo más voy creyendo que es como un niño consentido que siempre desea hacer las cosas a su modo.
- ¡Rápido! ¡Anda! No quiero que te quedes sola en esta habitación, tendrás amigo - me vestía toda prisa y salí con mi esposo a la sala.
- ¿Qué es lo que quieres? - preguntó Leonard con un grito desde l