El mundo alrededor de Erick pareció ralentizarse. Las palabras que salieron de los pequeños labios de su hijo se clavaron directamente en su corazón, dejando tras de sí un vacío terriblemente doloroso.
Con los ojos empañados por la intensa conmoción emocional, Erick se atrevió a dar un paso hacia adelante.
—Felix… sí… soy tu papá —dijo Erick mientras se llevaba una mano al pecho, señalándose a sí mismo.
La voz de Erick tembló violentamente, despojada por completo de la arrogancia del hombre que