—Nunca hizo falta.
—Pero lo necesitamos para hacernos saber que nos deseamos tanto que tenemos perdernos.
Él me besa.
—Te amo.
—Yo igual.
Era más fácil decirlo así.
—¿Vas a algún lado? —le pregunto—. Sé que no solo te bañas para salir, pero siento curiosidad.
—¿Por qué?
—Para saber si tenemos un momento de sexo de reconciliación —le sonrío de forma perversa.
—Iré a cenar con mi jefe, una cena de negocios, pero tenemos dos horas.
—¿Tenemos?
—Claro, vendrás conmigo, ¿cierto?
—Si.
—P