La dejo y me siento en la cama, al lado de las cosas que ella estaba haciendo. Quería seguir tocándola, pero me contuve.
Mi ánimo estaba levantando y yo lo veía por encima de la toalla.
—¿Aprendiste la lección? —Kath posa una mano en mi hombro.
—No, creo que debo seguir castigado.
Algo me decía que solo había dicho eso para que la dejara hacer eso.
—Estabas saboteándome —se justifica—, y eso no está bien.
Baja su mano pasándola por mi pecho, pero yo la detengo.
—¿Qué haces?
—Consiguien