—Blake —pronuncio su nombre viendo a Aaron.
Estaba atónita, pero a la vez no me importaba.
—Quiero acompañarte a enfrentarlo, pero si me cuelgas para que lo hagas sola, lo entenderé —me dice Aaron por el celular.
Blake no podía escucharlo, porque tenía mis audífonos. Yo me siento en la cama, pero no le muestro la pantalla a Blake.
—¿Qué haces? —me ve horrorizado y molesto desde la puerta de nuestra habitación, ni quería acercarse.
Vuelvo a mirar el teléfono y decido cortar la llamada, lueg