Windy no respondió. Las palabras de Nixon daban vueltas en su cabeza, mezclándose con todo lo que ya sabía y sentía sobre Davin, creando un torbellino cada vez más complicado.
El silencio volvió a llenar el interior del coche. Nixon, dándose cuenta de que Windy necesitaba tiempo para digerirlo todo, no forzó la conversación. Condujo en silencio, encendiendo de vez en cuando el intermitente y girando según las indicaciones de Windy.
Luego, tras varios minutos de silencio, Nixon comenzó a contar.