Por suerte, el empujón no fue muy fuerte. Como Davin no veía bien, no apuntó con precisión. Windy solo se tambaleó, sin caerse.
Después de empujarla, Davin tanteó buscando el pasamanos. Al encontrarlo, se aferró y empezó a subir las escaleras, con muchísimo cuidado. Cada escalón, despacio, guiándose por la baranda.
Windy lo observó, angustiada, hasta que llegó arriba a salvo.
Luego volvió al comedor a terminar de comer. Pero su corazón no estaba tranquilo. Cada bocado sabía insípido. Su mente s