Windy lloraba al ver el estado de Davin. Las lágrimas no paraban al comprender del todo lo que le había pasado. Davin, antes tan perfecto, tan poderoso, tan elegante en cada movimiento, ahora no podía ver. Y todo por salvarla a ella.
Davin seguía rechazándola. Seguía intentando echarla con palabras duras y frías.
—¡Vete! ¡Ya te dije que te vayas! ¡¿Por qué eres tan terca?!
Pero Windy insistía. Le sujetaba el brazo con fuerza, negándose a soltarlo, llorando sin parar.
—No, Davin. No me voy. No t