Windy respiró hondo y caminó hacia la puerta. Uno de los guardias levantó la mano para detener su paso.
—Disculpe, señorita. Este club es solo para socios.
—Soy la nueva camarera. El señor Herman me ha llamado.
El guardia habló brevemente por su auricular, luego asintió y le indicó a Windy que pasara.
Al otro lado de aquella puerta negra, un mundo completamente diferente se desplegó ante Windy. Un largo pasillo iluminado por luces doradas tenues. El suelo estaba cubierto por una alfombra gruesa