Windy, aún medio inconsciente, palpó la mesita de noche, buscando su teléfono. Con los ojos aún cerrados y una voz ronca, por acabar de despertarse, respondió a aquella llamada, gritando un poco.
—¡¿Hola?! ¡¿Es que no sabes que es hora de dormir?!
No hubo respuesta, al otro lado. Solo un largo silencio.
Windy, que sintió que algo era extraño, abrió finalmente los ojos y miró la pantalla de su teléfono.
El nombre de la llamada. Davin Tanjaya.
Windy, que aún estaba tumbada, se incorporó de inmedi