Finalmente, después de ser capturada y llevada ante Davin, Astrid, que ya estaba muerta de miedo, suplicaba clemencia. Se arrodilló ante Davin con el cuerpo temblando.
"¡Señor Davin, perdóneme! ¡Se lo ruego! ¡Admito mi error! ¡Fui yo quien le dio el medicamento abortivo a Windy! ¡Me equivoqué! ¡No pensé bien! ¡Por favor, perdóneme!" Astrid lloraba postrándose.
Pero la confesión y la súplica de Astrid no ablandaron en absoluto el corazón de Davin. Su ira era demasiado grande. Astrid había matado