Davin se levantó de su silla, en la cabecera de la mesa de reuniones. Sus largas y tranquilas zancadas lo llevaron hacia el gran ventanal, que daba al pasillo exterior. A través de aquel cristal transparente, varios empleados, que iban y venían por el pasillo, podían ver claramente lo que ocurría, dentro de la sala de reuniones.
Sin decir una sola palabra, Davin descorrió las gruesas cortinas, de color gris oscuro, y cubrió todo aquel ventanal de cristal, con un movimiento muy medido. Uno a uno