172. ¡Eres mi mujer mascota!
Windy miró fijamente aquella carne, con una expresión que ahora empezaba a cambiar, de la resignación a la incredulidad. Aquello no era una cena normal. Aquello era un castigo.
Davin volvió a mirarla, con una voz magnética.
—Termínalo.
Windy volvió a comer, con movimientos cada vez más lentos. Cada bocado le pesaba más que el anterior. Su estómago ya estaba muy lleno y empezaba a sentirse incómoda. Pero se obligó a seguir masticando y tragando.
Después de terminar finalmente el tercer trozo, co