171. Orden de comer
Davin, que se dio cuenta de lo que acababa de pasar, se rió bajito. Su risa profunda resonó en aquella habitación. No parecía ni en pánico ni avergonzado en absoluto. Al contrario, parecía divertido por la reacción exagerada de Windy.
—No pasa nada —dijo Davin, soltando un brazo de la cintura de Windy para recoger la toalla caída. La cogió y, con un movimiento relajado, volvió a enrollarse la toalla a la cintura.
—Ya puedes abrir los ojos —dijo Davin, con un tono aún divertido—. Ya está todo se