Aquella mañana, Fenita ya se había arreglado con mucho esmero. Llevaba un traje de chaqueta color crema que se había comprado unos meses atrás en una boutique cara, combinado con una falda lápiz que realzaba su figura.
El bolso de marca, que ya casi había vendido por los problemas económicos, lo había vuelto a sacar del armario para llevarlo y añadir un toque de lujo. Los zapatos de tacón alto, de piel auténtica, completaban su atuendo. Fenita se miró al espejo, satisfecha. Aquel día se present