—¡¿Qué gran empresario ni qué nada?! ¡Mira ahora, nuestra empresa está al borde de la bancarrota! ¡Ya no se nos puede llamar grandes empresarios! ¡Hasta mi padre me ha criticado repetidamente por no ser capaz de controlarte! —espetó Wilson.
—¡Si no estás contento, pídeles ayuda a tus padres! ¡Ellos también tienen fortuna! —replicó Fenita, con brusquedad.
—¡Ya les he pedido ayuda, Fenita! ¡Muchas veces! Pero se niegan. Dicen que si yo he causado este problema, soy yo quien tiene que resolverlo.