Ahora, por alguna razón, todo lo que parecía que hacía falta fue una simple inyección de lo que era esencialmente un epipen, para que mis ojos se abrieran de par en par y un grito de pura agonía me recorriera el cuerpo. Oh... Me estaban trasladando en camilla, vi las luces del techo pasar a toda velocidad a mi lado y al instante volví a entrecerrar los ojos.
Mis brazos y piernas comenzaron a moverse con la esperanza de que eso ayudara a que mi dolor disminuyera, pero fue inútil. Todo mi cuerpo