Entonces empecé a correr hacia el arma una vez más.
Me quedé sin aliento, sentía un pinchazo en la ceja y todo mi cuerpo temblaba de miedo, pero aun así tomé el arma. Volví corriendo hacia el lobo, que aún se revolcaba sujetándose su p*ne, ahora probablemente palpitante, y le apunté a la cara. Él giró la pierna y la usó para derribarme por completo, aunque se podía ver que aún le dolía.
Volví a golpearle la cabeza, esta vez con la empuñadura de la pistola, y le presioné el camión directamente