CAPÍTULO 26.

El suave roce de la mano de Diago sobre su hombro hizo que su piel se erizada. Aileana disimuló, pero rápidamente un sentimiento de culpa se hizo presente en ella

Finalmente Diago terminó de retirar de su cuerpo el abrigo afelpado de color café oscuro que llevaba esa noche Aileana.

—Gracias.

—Es un placer.

Aileana recorrió con sus ojos aquel salón que su característica especial era la elegancia de los cande

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