—¡No puede ser! —niego. Con ambas manos empiezo a soplarme por toda mi cara—. Todos quieren destruirme, ¿por qué?
Me importa una mierda si él piensa que exagero. ¡No exagero…! Porque él puede evitar todo el sufrimiento que he vivido, todo el maldito sufrimiento. ¿Cómo puedo hacerme esto?
—Sé que estás enfadada —suaviza su voz.
Abro la boca dejándome anonadada de todo lo que este hombre me está diciendo. El muy canijo me coge de la cintura, y con la otra toma mi cabello con fuerza. Una parte de