Cuando por fin llega ante la multitud de lycans, se detiene jadeando. Todas las miradas, que antes estaban fijas en la lucha, ahora se vuelven hacia ella. Desconocidos la observan con curiosidad, mientras aquellos que reconoce la miran con una especie de acusación silenciosa, como si la culpabilizaran de algo que ella desconoce por completo.
El peso de esas miradas es casi insoportable, pero Sasha se obliga a mantenerse firme, luchando contra sus propias ganas de retroceder. Sabe que no debería