Miguel mantiene una postura firme, los músculos en tensión, listos para la batalla. Su oponente no muestra menos determinación, pero hay una clara diferencia entre ambos: mientras el otro lycan exhibe una ferocidad salvaje, Miguel irradia un control letal, como un depredador que sabe exactamente cuándo atacar para asegurar el golpe fatal.
El corazón de Sasha late con fuerza en su pecho, observando con aprensión y ansiedad.
¡Miguel va a ganar! — se dice a sí misma, sin saber siquiera por qué est