Sasha apoya ambas manos en el alféizar de la ventana, intentando recuperar el aliento y calmar los latidos de su corazón, que aún retumban en su pecho. A medida que la adrenalina empieza a disiparse, una oleada de vergüenza la invade, haciendo que se ruborice de forma intensa. ¿Cómo pudo decir aquello? ¿Cómo pudo insinuar, aunque fuera de manera indirecta, que deseaba ser cazada? Las palabras resuenan en su mente, cada sílaba cargada de un anhelo que sabe que no debería sentir.
Cierra los ojos