Miguel no se molesta en llamar a la puerta del baño; simplemente la abre y entra sin ceremonias. La visión que lo recibe lo hace detenerse por un instante. Sasha, frente al gran espejo, perdida en su propio reflejo, acaricia el vestido de gala que él escogió meticulosamente para ella la noche anterior.
El tejido rojo satinado abraza las curvas de Sasha de una manera que hace que Miguel desee no tener que salir de esa habitación esa noche. Cada centímetro de la tela realza la figura de la humana