Afuera, Miguel empuja a Mara fuera de los portones con un gesto firme, haciéndola caer en la nieve fría. La observa por un momento, su expresión dura, sin rastro alguno de compasión.
— Vuelve a tu manada, Luna Cimex Mara — dice con voz cortante y definitiva. — Ya no perteneces aquí.
El horror y la vergüenza la golpean con fuerza. Ser expulsada sería el colmo de la humillación, una mancha no solo para su nombre, sino también para la manada de sus padres al tener un miembro devuelto. Desesperada,