Pedro se acerca a Miguel, quien camina de un lado a otro con pasos pesados y claramente impaciente. La tensión en el aire es casi tangible, y los pasos de Miguel reverberan por la mansión silenciosa, mientras el aire parece haberse vuelto más denso.
En cuanto Miguel lo ve, interrumpe abruptamente su caminata, girándose hacia Pedro con ojos afilados y llenos de expectativa.
— ¿Y bien? ¿Ya logró contactar a sus hermanas? — pregunta Miguel, su voz cargada de urgencia.
Pedro niega con la cabeza, su