— Hijo, escúchame con atención. Necesito que me ayudes — la madre de Lukan tragó saliva, odiando tener que pedirle eso a su hijo tan pequeño. — Necesito que me cortes el vientre. Justo aquí — señaló la parte baja del abdomen. — Como hicimos con esa perra del humano cuando no pudo parir. ¿Te acuerdas?
Los ojos de Lukan se abrieron desmesuradamente y negó con la cabeza, retrocediendo.
— ¡No, mamá! ¡No quiero lastimarte! — sollozó, sus pequeños hombros temblaban mientras ya no podía contener l