Mientras las lágrimas amenazan con volver, Lovetta intenta recomponerse, mirando al suelo por un momento antes de alzar los ojos nuevamente. La furia de sus padres sigue siendo palpable, y el silencio en la habitación se vuelve casi insoportable.
Sasha, por otro lado, no retrocede. Su presencia se convierte en una barrera entre Lovetta y sus padres, una barrera que Lovetta nunca imaginó que alguien levantaría por ella.
No me gusta esto — repite en sus pensamientos.
— Pónganse en su lugar ustede