Luciana intenta tocar a Miguel nuevamente, movida por el deber de cuidar a su líder. Pero en el instante en que extiende la mano, la mirada de Miguel se desvía de Sasha y se fija en ella, con un brillo salvaje en sus ojos. Un gruñido profundo emerge de su garganta, una advertencia clara, seguido de un ladrido grave y amenazante que hace que todos los pelos de Luciana se ericen. Su loba interior entiende de inmediato el mensaje: es hora de irse.
Luciana duda por un segundo, sus ojos atrapados en