Subir en ese helicóptero fue doloroso, alejarme del amor de mi vida es tan equiparable a sufrir tortura con dagas de plata, si no es que peor y mas contundente.
No me eché para atrás, seguimos con la ceremonia para convertirme en mi difunta cuñada y ahora voy a rumbo a quien sabe donde siendo guiada por dos desconocidos que no han hecho nada más que verme fijamente y analizarme con vista de águila. Son presas fáciles para un licántropo, pero debo recordar que mi fuerza sobrenatural no sirve de