Pasó aproximadamente media hora desde aquella llamada, y Agustin no se movió ningún milímetro desde su posición original.
Por su parte, Mario no se atrevió a mirarlo nuevamente y se quedó de rodillas en el suelo, lo que ya por el tiempo empezaba a doler y a entumecerse.
Todo se hallaba en silencio hasta que sonó nuevamente el teléfono de Agustin, a lo que la llamada solo dijo— Hecho—, bien ahora tráiganla para que se encuentre con su querido padre, finalizó diciendo Agustin.
Mario quien se en