Capítulo 35

El desayuno estaba exquisito como siempre, pero hoy tenía un sabor más afrodisiaco.

Y sí, hablaba de Tomas Galger y sus miradas llenas de fuego.

Si continuaba así iba a mandar todo al diablo y a lanzarme sobre él. 

—Hace algo de calor, ¿cierto?

Amaba a Dexter, pero a veces podía ser un bastardo.

—Para nada —respondió mi padre, despreocupado—. Solo tú lo notas porque e

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