Mientras pensaba en todo lo que había sucedido mis ojos comenzaban a cerrarse poco a poco aferrándome a una almohada, quería desaparecer de este lugar, cada día me sentía más desesperado.
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Creo que las horas pasaron, la puerta había sido abierta sin que me diera cuenta. Mis brazos fueron tomados con fuerza haciendo que despertara del susto.
— No! ¡Déjenme! — Comencé a gritar agitándome entre sus manos.
Los hombres fornidos no decían nada mientras yo seguía luchando.
— Deja de resis