Sin desaparecer su sonrisa, el alfa recorrió el borde del rostro de Aidan depositando pequeños besos sobre la delicada piel. Fue bajando poco a poco hacia el cuello donde la vena latía desenfrenada y la punteó con sus colmillos. Un leve gemido salió de la boca del lobo más joven y Lucian reaccionó a este.
Reprimirse no formaba parte de su naturaleza salvaje y rebelde. Prefería dar riendas sueltas a todos sus deseos, sobre todo cuando se trataba de sexo. ¿Sería Aidan capaz de seguirlo? Esperaba